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Sobre Sindicalismo y sus prácticas de otros tiempos

Sobre Sindicalismo y sus prácticas de otros tiempos

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Hoy en día para hablar de sindicalismo, sería más o menos como referirnos a un partido político. Realmente sí. Hay confusiones muy básicas en los conceptos que han logrado, a nivel de la dirigencia del Plenario Inter Sindical de trabajadores, se «meta la pata» alterando el rumbo que deberían de cumplir (en cierta medida).

A nivel muy personal, considero fundamental que exista una verdadera organización de trabajadores cuyo único fin sea velar por la defensa y la lucha por condiciones adecuadas de todos sus miembros en sus diferentes jerarquías y no involucrarse directamente en la vida política-partidaria, usando, en muchos casos, recursos que son de todos los trabajadores.

Se ha logrado mucho, sin lugar a dudas pero urge un cuestionamiento y un análisis de la estructura actual de los sindicatos para potenciar su verdadera finalidad. Como movimiento en general, es claro que está estancado en prácticas pasadas, basando su accionar en una actitud reaccionaria, aún bajo el concepto «revolucionario» de tiempos pasados.

Pero antes de seguir con opiniones, es primordial conocer un poco más sobre la historia de esta práctica que tiene aproximadamente 200 años.

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Vayamos a la primera mitad del siglo XIX; período en el que estaba a pleno el proceso de industrialización. Diferentes situaciones a nivel mundial como la abolición de la esclavitud en Inglaterra o la crisis económica general en Europa y otras regiones, fomentaron que los trabajadores comenzaran a organizarse para luchar por mejores condiciones laborales en las diferentes empresas.

En la década de 1840  los alemanes Karl Marx y Friedrich Engels se instalan en Inglaterra y en base al estudio de la realidad laboral del momento, darán origen a un particular pensamiento obrero, el marxismo o socialismo científico, que posteriormente será seguido en todo el mundo.

Aunque el primero en postular no sólo la existencia de un conflicto central en toda sociedad políticamente organizada, sino que tal conflicto tiene una explicación fue Nicolás Maquiavelo allá por 1500 y algunos años. Consideraba que tal conflicto se originaba en los «tipos de vida» que se encontraban en un Estado organizado políticamente: el del pueblo y el de «los grandes» (los gobernantes).

Pero volvamos a la primera mitad del  siglo XIX cuando los obreros comenzaron a organizarse para luchar por condiciones laborales en las diferentes industrias recientemente instaladas. Movilización laboral que no era generalizada, ajenos a las mismas estaban los trabajadores campesinos o rurales por ejemplo. Para 1850 las movilizaciones continuaron crecimiento, se extendieron por Europa y se fueron creando sindicatos en Portugal, Bélgica y Alemania.

En 1864, se funda en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), La Internacional, primera central sindical mundial de la clase obrera. Ese mismo año se reconoce en Francia el derecho a la huelga como uno de los derechos fundamentales del individuo.

En Inglaterra se funda el Trade Union Congress (TUC), primera asociación de obreros que puede recibir propiamente el nombre de sindicato, ya que las personas afiliadas a él son defendidas y representadas desde la organización. Sindicato que en la actualidad cuenta con más de seis millones de afiliados.

En 1919 se crea la Organización Internacional del Trabajo, uno de los organismos internacionales más antiguos del mundo, gobernado en forma tripartita por gobiernos, sindicatos y empleadores.

Pero no entremos en tantos detalles históricos, vayamos directamente al grano, hablemos de Sindicalismo propiamente dicho.

Si vamos a definir el término “Sindicalismo” podemos decir que es la adhesión de los movimientos obreros a asambleas de organización laboral conocidas como “sindicatos”, en los que se reúnen los trabajadores para discutir sus posturas afines frente a los patronos y a los gobiernos, de manera independiente y consensuada, dotados de un liderazgo y una vocería electos democráticamente.

Gremio”, “unión” y “sindicato” son formas de llamar a este tipo de organización laboral, amparado actualmente por los derechos humanos universales que otorgan a los trabajadores de toda empresa libertad de asociación y organización sindical.

Si vamos a hablar de las funciones que abarcan las tareas de los sindicatos, son amplias; por ejemplo: 

  • Defender los derechos de los trabajadores.
  • Negociar convenios colectivos de trabajo.
  • Representar a los trabajadores ante los empleadores, el gobierno y la sociedad en general.
  • Promover la formación y capacitación de los trabajadores.

Las funciones de un sindicato requieren que se actúe de manera colectiva, es decir, que su propósito fundamental sea la coordinación de la protesta, de la presión o de los beneficios para que el conjunto de la clase trabajadora, o al menos un segmento específico de ella ( por ejemplo los trabajadores de un gremio específico). El objetivo principal es que se vean beneficiados en su conjunto y no compitan entre sí por gozar de privilegios específicos», sino que respondan como un colectivo organizado.

Así, los sindicatos forman parte de los organismo convocados en las mediaciones entre el Estado, los trabajadores y los patronos, como un ente autónomo que vela por la defensa de los derechos de sus representados.

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Hablemos del concepto sindicato y los diversos tipos que existen:

  • De gremio u oficio. Lo integran trabajadores que comparten un oficio o una profesión. Por ejemplo, un sindicato de carteros.
  • De empresa. Lo integran los trabajadores que laboran en una misma empresa, indistintamente del cargo que ocupen en ella (excepto al personal directivo, claro).
  • De industria o rama. Agrupa a los trabajadores de una rama o actividad industrial, comercial o de servicios específica, que a pesar de no tener el mismo oficio, forman parte del ramo como un todo. Por ejemplo, el sindicato de trabajadores metalúrgicos.
  • De independientes. Sindicatos para trabajadores autónomos, no asalariados. Por ejemplo, un gremio de trabajadores «freelance».

Con los años empezaron a surgir múltiples corrientes dentro de la práctica del  sindicalismo. Algunos grupos sindicales son cercanos al poder político y actúan como contención de las protestas obreras, proporcionándoles a los trabajadores mejoras superficiales. Otras vertientes, en cambio, son más revolucionarias y combaten enérgicamente al Estado y a las patronales.

Muchos se rigen abiertamente por un estilo ideológico o una determinada escuela política, usualmente de izquierdas, como puede ser el comunismo, el anarquismo o el socialismo.

A través de sus capacidades de huelga, protesta y acción conjunta, los sindicatos conforman una fuerza política importante en la mayoría de las naciones del Mundo.

Pero ¿Cómo actúan?. Vamos a las prácticas sindicales: son las acciones que realizan los sindicatos para defender los intereses de los trabajadores. Estas prácticas pueden ser de diversa índole, desde la negociación colectiva hasta las movilizaciones sociales.

Una forma de clasificar las prácticas sindicales es según la forma en que se desarrollan. En este sentido, se pueden distinguir dos grandes grupos:

  • Prácticas sindicales formales: se llevan a cabo dentro del marco de la ley y las instituciones. Algunos ejemplos son la negociación colectiva, la participación en los órganos de representación laboral y la presentación de reclamaciones ante los tribunales.
  • Prácticas sindicales informales: se desarrollan fuera del marco legal o institucional. Por ej: huelgas, las manifestaciones y las protestas.

Otra forma de clasificar las prácticas sindicales es según su objetivo, se pueden distinguir los siguientes tipos:

  • Prácticas sindicales en defensa de los derechos laborales: su objetivo es garantizar los derechos de los trabajadores, como el derecho a la negociación colectiva, el derecho a un salario justo y el derecho a condiciones laborales seguras y saludables.
  • De promoción de la igualdad: su objetivo es promover la igualdad de oportunidades y la no discriminación en el trabajo.
  • De participación democrática: su objetivo es promover la participación de los trabajadores en las decisiones que les afectan, tanto en las empresas como en la sociedad en general.

Algunos ejemplos de prácticas sindicales:

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  • Negociación colectiva: Los sindicatos negocian con los trabajadores para alcanzar acuerdos sobre cuestiones laborales, como salarios, condiciones de trabajo y tiempo de trabajo.
  • Participación en los órganos de representación laboral: participar en los comités de empresa, para defender los intereses de los trabajadores, por ejemplo.
  • Presentación de reclamaciones ante los tribunales: para defender los derechos de los trabajadores.
  • Huelgas: son un medio de presión que los sindicatos utilizan para forzar a los trabajadores a aceptar sus demandas.
  • Manifestaciones: son una forma de expresar públicamente el descontento de los trabajadores con las condiciones laborales.
  • Protestas: son una forma de denunciar las injusticias laborales o sociales.

Las prácticas sindicales son un elemento fundamental del movimiento obrero. Estas prácticas ayudan a defender los derechos de los trabajadores y promover la igualdad y la justicia en el trabajo.

Ahora, hablemos sobre el concepto Diálogo Social. Lo podemos definir como un mecanismo básico de la llamada democracia participativa. Ésta, concibe la democracia como un mecanismo de participación directa de las diversas organizaciones de la sociedad en la toma de decisiones, mediante mecanismos de diálogo y consenso.

Según define la OIT, el diálogo social abarca todo tipo de negociaciones y consultas, e incluso el mero intercambio de información, entre representantes de los gobiernos, los empleadores y los trabajadores, sobre temas de interés común relativos a las políticas económicas y sociales.

Su principal objetivo  es el de promover el logro de un consenso y la participación democrática de los principales interlocutores presentes en el mundo del trabajo.

Dicho de otro modo, así como un empresario pretende políticas económicas que favorezcan su emprendimiento, un trabajador buscará reivindicaciones de tipo proteccionista de su puesto de trabajo.

El diálogo social, apoyado en la figura del tripartismo tiene como base la colaboración de los diversos actores sociales en pro de la igualdad.

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Pero vengamos a nuestro País donde se crea la Central Única en el año 1955 que deviene entre 1964 y 1966 en la creación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) que es vivida como un triunfo de la clase obrera. Interrumpido su accionar por el gobierno de facto impuesto entre 1973 y el primero de marzo de 1985, período en el que se utilizó el recurso Huelga General para manifestar el descontento general de la sociedad ante la situación.

Sobre la Huelga en Uruguay

Si vamos a definir el concepto Huelga, sería más o menos: la suspensión colectiva, concertada y continua del trabajo, con abandono de los lugares de labor y fundada en una reclamación profesional que afecta directa y colectivamente a los trabajadores de una empresa o de un sector.

La Huelga General de 1973 en Uruguay fue una respuesta al golpe de Estado que tuvo lugar el 27 de junio de 1973. A las pocas horas de declararse el golpe, la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) convocó una huelga general, donde se produjeron varias ocupaciones de fábricas en todo el país y cierran numerosos puertos, bancos y comercios.​

La huelga duró 15 días, como parte del golpe, todas las asociaciones, incluidos los sindicatos, fueron declaradas ilegales y prohibidas.​

Luego en 1982, los trabajadores, se comienzan a reorganizar por empresa en la integración del Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), con la consigna: salario, libertad, trabajo y amnistía.

Con esta organización se pretende unificar a las organizaciones laborales dispersas por todo el país y se concreta el retorno a la acción del movimiento obrero.

Los sindicatos y los partidos políticos siguieron siendo ilegales hasta que una huelga general en 1984 obligó a los militares a aceptar el gobierno civil y la restauración de la democracia en 1985.

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Las prácticas sindicales son un elemento fundamental de los movimientos obreros, ayudan a defender los derechos de los trabajadores y promover la igualdad y la justicia en el trabajo. La interna de estos movimientos muchas veces se ve afectada por los enfrentamientos entre las distintas visiones ideológicas que más que hacerlo crecer, lo dividen,  generando un alejamiento de los trabajadores afiliados. Se hace imperante la necesidad de fomentar la participación popular sin que en la práctica se caiga en procedimientos burocráticos y fastidiosos

Es fundamental la capacitación de los líderes, que manejen claramente los objetivos fundamentales de las organizaciones de trabajadores y conozcan en profundidad sus mecanismos de acción. El futuro es hacia adelante, no podemos seguir con prácticas o rumbos que tienen más de un siglo de antigüedad.

Últimamente es muy escaso el logro de objetivos importantes, las prácticas sindicales son planificadas con mucho tiempo de anticipación, anunciadas masivamente logrando una reorganización social con el fin de provocar un impacto menor, y por lo tanto carecen de fuerza, de credibilidad y valoración como para lograr mejoras o cambios.

Urge un replanteo de acciones que mejore o recupere su lugar como organización dentro de la sociedad. Que recupere la finalidad y refuerce las funciones que lo definen. Recuperar la «cultura organizacional» que hace hincapié en los valores, roles, prácticas sociales, mitos y creencias compartidos por el grupo, que sirven de referencia para los comportamientos de los individuos.

Defender los propósitos, las relaciones de sus miembros y, por supuesto, valorar y cuidar las capacidades individuales existentes en los diversos grupos.

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Que internamente se luche contra la corrupción, la discriminación (en todos sus ámbitos), la falta de transparencia, la falta de Democracia y que se evite cualquier tipo de intimación o violencia.

Y no podemos culminar sin también mencionar la falta de participación de todos los niveles sociales en la actividad sindical, lo que hace que los sindicatos en general sólo cuenten entre sus participantes a aquellos que se insertan en los lugares jerárquicos…

Urge re definir y transmitir masivamente sus características para que sean percibidas adecuadamente desde la población en general. Que cada grupo trabaje con sus pares, aprenda a superar diferencias, que defienda su identidad, administre su estructura de trabajo sindical y que busque mecanismos para reproducirse y así poder crecer…

Para ir terminando esta idea, citar el dicho de Heráclito:

“Los opuestos acuerdan, y de la discordia resulta la mejor armonía»